La soledad de la noche me ha vuelto a asustar
el silencio se oye, me murmura al oído,
el aire espeso de mi cuarto,
atenta contra mi respiración,
los fusiles de flores que solía usar
Ya no matan a los inmensos fantasmas.
En el océano de mi cama, me siento ahogándome
intento nadar hacia un horizonte
pero el naufragio es inexorable.
Las diferencias entre mi mente y yo
Suponen un sin numero de trifulcas
Que nunca me dan por vencedor,
Ya sin tabaco, ni tinta en las lapiceras
Vuelvo a perder una nueva batalla
Los fantasmas vuelven a reír
jugando a ser Nostradamus
el miedo me invade,
pero la costumbre a veces sabia, me enseña lo inevitable
de transitar este letargo
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